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02/12/2006
Almagato

Hace seis años aproximadamente, compré el bono que podéis ver de mala manera en la foto de arriba. Con ese bono, estaba subvencionando la grabación de un disco que se iba a llamar "El sueño del monte". Desde entonces, muchas cosas han pasado por la historia del grupo Almagato .
Cuando el jueves por la mañana llamé a mi amigo "Bólido" para comentarle que iba a ir a la presentación, él fue quien se encargó de recordarme que teníamos un bono de descuento para el cedé. Me costó encontrarlo. Estaba entre las páginas de un libro. Después de leerlo me dio pena deshacerme de él, así que le hice esta foto. Está claro, que la fe que yo tenía en que este proyecto saldría adelante, no fue en balde. Aunque les ha costado 6 años y, supongo, que mucho esfuerzo, por fin han logrado publicarlo.
La presentación fue fantástica. Tras una introducción hecha por Inge, la madre de Mauricio Aznar, un breve concierto con vídeos que explicaban leyendas de Santiago del Estero, y servían de introducción a las magníficas interpretaciones del grupo. Alicia y Patricia siguen cantando como ángeles, Jaime Lapeña sigue siendo un fabuloso animal de escenario con su violín al hombro,... Rescatan dos canciones grabadas para trabajos anteriores, "Pa que no baile solita", y "Hermano Kakuy".
Si fantástica resulta la música, muy interesante resulta también el libro que sirve de continente al cedé. Con la historia de este disco, explicaciones sobre el folclore de Santiago del Estero, la explicación de un montón de mitos y leyendas de la zona, y muchas cosas más.
El día 20 hay una nueva ocasión de verlos en directo. Esta vez será en La Campana de los Perdidos. Almagato hace una música, que es difícil escuchar en disco. En directo emociona mucho más. Esto suele ser así, pero en el caso de ellos es mucho más profunda la diferencia entre el directo y el estudio. La voz de Alicia, que parece que llora cantando emociona mucho más viendo su cara de pasión entregada a la música. Patricia es más serena cantando, pero la forma de acabar los versos y su particular acento santiagueño, la convierten en la compañera ideal de Alicia encima de un escenario. Bravo por Almagato.
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El texto del bono dice:
Este boletín numerado es una reserva para un ejemplar del disco compacto del grupo Almagato, que se llamará "El sueño del monte", y que tratará sobre los mitos y leyendas de la provincia de Santiago del Estero, en Argentina.
El sueño del monte contendrça doce canciones aproximadamente: algunas de ellas son temas inéditos compuestos (y en algunos casos interpretados) por el desaparecido Mauricio Aznar. Contamos también con la participación de algunos de sus amigos.
Conservarlo, y al presentarlo para retirar el CD "El sueño del monte", el importe de este boletín numerado (1000 ptas / 6 euros) será deducido del precio final del CD, y se te aplicará una bonificación.
Podéis escuchar algunas de las canciones en: http://www.genbeta.com/2005/12/10-boltfolio-videos-fotos-audio-blog
06/12/2006
Golpes de mar.

El lunes se presentó el nuevo libro de Antón Castro. Hubo muchísima gente en el acto. Yo me apunto allí donde alla vino, así que fui.
Pepe Melero hizo una sensacional y tronchante exposición en 12 puntos de por qué Golpes de Mar sólo lo podría haber escrito Antón Castro. Pepe Melero, con el disgusto de haber visto lo que el Real Zaragoza hizo el día anterior, se explayó sobre la magia de los relatos de Antón, las fantásticas situaciones que sus personajes crean (como una pareja que se pone el despertador a las 4 de la mañana para hacer el amor), los nombres imposibles de sus personajes (Antía Fortesende, Flora Magán, Airas Padín,...), los rincones de de ese Macondo particular que es Baladouro,...
Por su parte Antón defendió que lo que él escribe es normalmente realista -lo que me faltaba por oír, espetó a esto Pepe Melero-. Aseguró haber visto muchas de las cosas que aparecen en sus libros y haber conocido gentes con esos nombres.
El libro consta de 16 relatos en los que se entremezclan los paisajes marítimos y rurales de Galicia con zonas de Aragón. Aún no he podido empezar a leerlo, otras lecturas me tienen atrapado. Pero estoy deseando agarrarlo por las solapas y sumergirme en ese mundo soñado (o vivido, según él mismo) de Antón Castro.
Una historia de la guerra
A principios de los años 30 no se podía comprar pan los domingos. Ni siquiera los días laborables por la tarde. Tampoco se podía malgastar el tiempo viendo la televisión. En esos años los huevos eran de color blanco y el trato con el dependiente de la charcutería era más humano. En Zaragoza la gente vivía con la puerta de su casa abierta, para que si algún vecino necesitaba pedir algo, o simplemente tenía ganas de hablar no hubiera que pasar por el fastidioso proceso de levantarse para abrirle. La leche se vendía a granel y de puerta en puerta.
Juan repartía por la zona de Miraflores la leche que ordeñaba su padre por la mañana en una vaquería cerca de la huerta de Las Fuentes. Manuel, su hermano mellizo, se encargaba de la zona de San Miguel y Camino de las Torres.
Cuando estalló la guerra, Manuel estaba cerca de Barcelona, así que tuvo que elegir entre jugarse la vida intentando volver a su casa o alistarse en el primer puesto que encontrara.
En Belchite la mayor parte del tiempo se pasaba manteniendo la posición. Esto es, sin hacer nada más que estar allí a la espera de órdenes. De cuando en cuando, si la cosa no estaba muy tensa, un representante de cada lado se acercaba a la entrada del pueblo y cambiaba cigarrillos, que andaban escasos en uno de los bandos, por maquinillas de afeitar, o porciones de chocolate. También algunas veces uno de los bandos encendía la megafonía y trataba de minar la moral del otro bando lanzando consignas fascistas o comunistas, y animando a los soldados a cambiar de bando. Estas consignas obedecían a órdenes directas de jefes a los que los soldados no habían visto nunca. La mayoría de las veces que se encendía la megafonía era para establecer charlas entre uno y otro bando sin más pretensión que hacer más llevaderas las horas de espera.
- ¿Qué tal estáis por ahí? – se decía desde el bando nacional
- Deseando volver a casa – se respondía con tono jocoso pero amargo desde el otro bando.
- Bueno, para ver si nos animamos os va a cantar una jota uno que tenemos aquí y que es de Zaragoza.
Con voz rotunda y clara se oyó cantar la jota:
Cuando el Pilar se contempla
sobre las aguas del Ebro
le dice el Ebro gozoso,
mi ilusión es ser tu espejo.
En ese momento, el soldado Manuel dio un respingo. Había reconocido la voz de su hermano sobre la letra de la jota que más veces le había oído cantar. Empujó al soldado que operaba la megafonía y gritó: “¡Juanico!”.
Juan comprendió enseguida de quién era ese grito y un corazón enorme se le atascó en la garganta. Ninguno de los dos fue capaz de articular ninguna palabra. En ambos bandos se pudo ver a un soldado llorar desconsoladamente. Los acontecimientos bélicos se aceleraron y no volvieron a tener ocasión de comunicarse.
Pasadas las horas Manuel miró a sus compañeros y pensó que era posible que al día siguiente Pedro, que tan amablemente lo abrigó cuando tuvo fiebre, o Ramón, que le dio agua una vez que la lengua se le pegaba sedienta al paladar, iban a disparar contra su hermano sin contemplaciones.
Juan volvió a casa. Le tocó vivir la dura posguerra de la ciudad, pero Manuel cayó preso y ya nunca más se supo de él.
Juan no pudo volver a cantar esa jota nunca más. Dos veces lo intentó y en ambas ocasiones el sonido de su hermano llamándolo acudió a su recuerdo, llenando su garganta de corazón emocionado.
Los nombres de este relato son ficticios y algunos detalles también, pero los hechos que aquí cuento ocurrieron realmente. Tal vez no sucedió en Belchite, ese dato no lo tengo, se me perdió en la desmemoria, pero mis abuelos maternos vivían con sus tres hijos en Miraflores y eran clientes de Juan. Allí la historia de los dos hermanos era conocida por todos. Mi madre siempre estuvo dispuesta a relatarme estas cosas. Ella tenía 6 años cuando finalizó la guerra, así que creció con hambre y oyendo todas las historias que se contaban de la guerra que avergonzó a un país.
12/12/2006
...
Por las mañanas cojo el coche y tengo dos opciones. Puedo ir por uno de los cinturones de circunvalación de la ciudad o atravesar el centro. Siempre decido atravesar el centro. Incluso si tengo tiempo doy un par de vueltas por la zona de León XIII. A veces he llegado a atravesar Paseo Sagasta o el Paseo de la Constitución sin necesidad.
A esas horas la ciudad está despertando, se puede circular, se puede observar una belleza distinta en las calles y se ve a la gente protegiéndose del frío, o del aire, esperando el autobús, yendo a buscar su coche, entrando a desayunar a uno de los pocos bares que hay abiertos,...
Los cinturones son inhumanos a esas horas. Nadie pasea. Son la tristeza hecha camino. No quiero atravesar esa tristeza recién levantado.
17/12/2006
Chupitos de mora.
No me había hecho caso en toda la noche, pero de repente se dirigió a mí.
- Ven, Cide, ven conmigo a tomar algo a la barra -dijo ella-. Y se fue sin esperarme, consciente de que si ella me dice ven, lo dejo todo.
- No te lo he dicho antes, pero hoy estás muy guapa.
Sonrió, y eso me dio confianza para seguir halagándola.
- No me he acercado en toda la noche porque te he visto rodeada de pretendientes y no he querido importunar. La verdad es que no me extraña que te pretendan.
- No seas idiota, anda. -Me respondió con una sonrisa vergonzosa mientras se sonrojaba.
- Eres la única chica a la que consigo sonrojar.
- Bueno, es que me sonrojo enseguida.
- A mí me encanta hacer que te sonrojes.
- Hala, venga, déjalo -dijo riendo como si yo estuviera gastándole una broma.
Entonces me atreví a ser más directo.
- Algún día me vas a tener que tomar en serio.
- Venga, brindemos, tomemos el chupito y vayamos con el resto a seguir con la marcha.
Entonces sonreí y le besé la mejilla. Su reacción fue de lo más tranquila y natural. Brindó conmigo, se bebió de un trago un chupito repugnante de licor de mora y volvió con el resto del grupo. Yo la seguí, naturalmente, pero mi cabeza ya no respondía más que al recuerdo de ese momento en el que mis labios tocaron su piel.
22/12/2006
Feliz Navidad
Con el router de casa roto, no me queda más remedio que desearos ya a todos los habituales al blog una feliz Navidad y un próspero año nuevo.
Me han prometido arreglar "la incidencia" a la mayor brevedad posible. Y yo preferiría que en lugar de arreglar la incidencia arreglaran el router, pero qué se le va a hacer.
Así que por lo pronto, besos, abrazos y buenos deseos para todos.
29/12/2006
Ya estoy otra vez conectado.
Ya tengo acceso desde casa nuevamente. Me ha sorprendido la eficiencia de Orange en arreglar mi problema. Llamé una vez para avisar y dedujimos entre la teleoperadora y yo que mi router estaba roto, así que prometió enviarme a un técnico para sustituirlo. Como no todo iba a ser perfecto, pasados varios días volví a llamar para ver qué había de lo mío. Y mi sorpresa fue ver que a la teleoperadora no le constaba que hubiera aviso alguno para que el servicio técnico acudiera a mi casa. Eso sí, ella lo activó, y et voilà a los dos días lo tengo solucionado. Sorprendente. Será que es Navidad.
He descubierto gracias a Acróbatas cómo colgar audio en el blog. Intentaré no abusar del invento, pero al menos para probarlo voy a colgar una canción de Almagato.
30/12/2006
Mauricio.

Siendo adolescente, el grupo que realmente me hacía emocionarme y que consiguió que me aprendiera todas sus canciones fue Más Birras . Nunca los llegué a ver en directo. Se separaron cuando yo tenía 16 años y no tuve ocasión de acudir a ningún concierto.
Pasados unos años, fui a la presentación del disco "De la noche a la mañana" en el 95 si no recuerdo mal. En él Mauricio empezaba a dar rienda a su pasión por el folclore argentino. Ese disco fue el germen de Almagato, allí estaban ya Jaime González y Jaime Lapeña. También una colaboración maravillosa con Gabriel Sopeña.
La presentación fue en el centro cívico Delicias. Había unas mesas con vino y algo para picar antes del concierto. Yo compré el disco sin esperar a escuchar nada. Tal era mi fe en lo que hiciera Mauricio. Recuerdo que bebí bastante. Mucho. Tal vez demasiado. Entonces, me acerqué a Mauricio a que me firmara el disco y le dije que era una pena que hubiese disuelto Más Birras. Él, quizá harto de que todo el mundo le pidiera explicaciones y viendo mi estado, se limitó a decirme: "Esto también te va a gustar, ya verás" y en la dedicatoria me puso una frase, que se convirtió como por casualidad unos años más tarde en el lema que me ha empujado más de una vez en época de cambios, crisis y tristezas:
