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Cide Hamete

Criterio para elegir

Tengo un tema recurrente al que dedicar mis pensamientos cuando me apetece filosofar conmigo mismo. Se trata de cuál es el criterio acertado para elegir cuando de arte se trata.

Tengo en casa una publicación de Diario 16, antigua, desgastada, que consiste en una selección de artículos aparecidos en su suplemento Culturas. Está dicha publicación a mitad de camino entre un libro de artículos y una revista extensa. Me llegó fruto del azar y del aprecio que me tiene un amigo al que le apareció en una limpieza profunda de su casa. Me voy a deshacer temporalmente de esta encuadernación y estoy reabriendo sus hojas y leyendo aquellos artículos que llaman mi atención en un golpe de vista. Así, leo un artículo del Nobel estadounidense Joseph Brodsky que cavila acerca del criterio para elegir libros que leer. Disecciona las diferentes posibilidades. Desecha primeramente seguir el consejo de los críticos ya que, según afirma, (el crítico) "puede ser tan mediocre e ignorante como nosotros mismos, puede tener una fuerte predilección por un tipo de escritura o, sencillamente, estar comprometido con la industria publicista y si es un escritor de talento puede convertir su crítica en una forma independiente de arte -Jorge Luis Borges es un caso cimero- y uno termina por leer las críticas en lugar de los propios libros". Otra posibilidad que propone es dejarse guiar por lo que hayan leído nuestras amistades. Todo el mundo lo hemos hecho alguna vez, y está claro que eso no forja un criterio inequívoco.

La solución que aporta Brodsky es leer poesía para aprender a distinguir. Y no me parece un mal criterio. En la poesía el engaño no se puede sostener. La poesía o trasmite algo o no, ninguna palabra accesoria mejora un poema, lo que hay tiene que estar y no vale rellenar con paja. Dice Brodsky: "Cuanta más poesía se lee, menos tolerante se vuelve uno ante la verborrea de cualquier clase, ya sea en discursos políticos, filosóficos, en estudios históricos o sociales o en el arte de la ficción".

Me parece un criterio acertado, aunque no es la única solución válida. Me figuro que muchos podrían decir lo mismo, o parecido, del teatro.

Mi criterio consiste en leer muchos clásicos y, de vez en cuando, dejarme caer por autores contemporáneos, y evitar en la medida de lo posible los Best Sellers de las listas de ventas. Esto ya lo expliqué hace algún tiempo, así que no me extiendo. Tampoco es un criterio muy fiable, para qué engañarse, pero es el mío y a mí me vale.

Hace poco, como a casi todo el que tiene afición por el mundo de la novela, una conocida me recomendó El código da Vinci. Le dije:

- Si dentro de veinte años alguien me lo siguen recomendando tal vez me lo lea.

- Pues vaya un criterio -me dijo con aire de superioridad

- ¿Qué pasa?¿Va a ser peor libro dentro de veinte años? ¿Quién me asegura que su éxito actual no responde a un interés comercial?

- Tú es que estás acostumbrado a leer cosas muy raras.

Y digo yo, que a dónde hemos ido a parar para que leer a Unamuno, Cervantes, Galdós, Dickens, Kipling, etc. esté considerado raro.

Tan razonable es que mi conocida diga que yo sólo leo cosas raras, como que yo diga de ella que sólo lee estupideces y novelas sin calidad. Ella no se acerca con curiosidad a mis lecturas ni falta que le hace y yo me reafirmo en que evitando las modas me estoy librando de mucha bazofia impresa. Supongo que también algo me estaré perdiendo, pero como no tengo tiempo para todo lo bueno que hay por leer tampoco me preocupa en exceso.

Fernando G. Jaén dice en su último número de Sin@psis(1), refiriéndose a unas cuantas novelas que el leyó siguiendo la moda de mediados de los ochenta: "Queden ellos felices en su vanagloria auspiciada por los medios de comunicación de masas y goce yo de mi libertad para leer a los que alimentan mi espíritu ..." también: "Consuma cada cual su tiempo y su dinero como le dé la gana. Así lo hago yo".

La sensación que me queda tras leer a Fernando G. Jaén y a Brodsky es que la búsqueda de un criterio inequívoco es una labor de muchos años que supongo nunca culmina, ya que los gustos evolucionan y también el bagaje como lector, la exigencia ante una nueva obra, o la capacidad de discernir dónde está la calidad. También veo que es algo a lo que todo lector de largo recorrido se enfrenta constantemente.

(1) Sin@psis es una revista gratuita que su autor envía por correo a amigos y conocidos y que puede encontrarse en alguna librería de Barcelona e incluso alguna vez ha estado en La campana de los perdidos.
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7 comentarios

spegemssace -

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Tana -

Me regalaron "El Código da Vinci" el año pasado, por mi cumpleaños, y aunque no me llamaba demasiado la atención, me sentí obligada a leerlo por eso de haber sido un regalo. Confieso que lo he dejado a medias. En cambio, me regalaron en Navidad "La sombra del viento" y, a pesar de ser un best seller, me gustó. Estoy con Satori en que hay que leer lo que a uno le apetece y disfrutarlo. Y con Cide en que disfruto con los clásicos. Este año, para equilibrar, me han regalado "Historia de un abrigo" de Soledad Puértolas y "Regreso a Howards End" de Edward Morgan Forster. Las dos caras de la moneda. Y, ¿sabéis?, estoy segura de que voy a disfrutarlos ambos :-)
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Satori -

Muchos de los que hoy consideramos "grandes y clásicos" fueron considerados en su momento como bazofia y basura, y no daba nadie por ellos nada, apostando a 20 años vista. Pero lo que está claro es que hay que leer lo que a uno le apetece y sobre todo disfrutar. Y, por supuesto, evitando etiquetar y mitificar. Estoy de acuerdo en que el Código da Vinci no pasará a la historia por su calidad literaria, pero yo me lo pasé bien leyéndolo. Y tengo que reconocer que en un primer momento me negué a leerlo.

acróbatas -

Bueno, como ya sabes... yo sí que he leído "El Código da Vinci" y suelo, de vez en cuando (muy, muy de vez en cuando...cada vez menos), leer otros Best sellers... Yo creo que, al fin y al cabo, cada uno lee lo que le apetece o, al menos, así debería de ser.

Por otro lado, también deberíamos ser capaces de saber qué tipo de Literatura nos "vende" la publicidad, el márketing y las listas de ventas; esto pasa igual en el cine, la música...

Un beso, beso!

charito -

yo también, y mira que me gusta escribir poesía, pero cuanto mas leo a otros menos a escribo, lo mío es una caca que mas vale que no la lea nadie. Elcodigo Danvinci no pienso leerlo, no me da la gana, toma ya!!

Irenia -

Totalmente de acuerdo contigo.

Por cierto, no te pierdes nada no leyéndote El código da Vinci. Dentro de 20 años dudo que nadie se acuerde de él, en todo caso cuando se revise la película que se está rodando ahora. Yo yo sí lo he leído porque en ese momento me ofrecía lo que buscaba.
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