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Cide Hamete

Cine Mola

Me encuentro hoy con la noticia de que el cine Mola va a cerrar el próximo mes de abril. Ahí vi La Casa de los Espíritus entre otras. Una película americana poco atractiva parece ser la última que van a poner en cartel. Hace no mucho cerró el Palafox para reabrir como un complejo de multicines.

Sospecho que, poco a poco, van a ir desapareciendo los pocos cines que quedan, y los van a sustituir esas horribles salas pequeñas que, cuando termina la película te "escupen" a la calle. Las salidas de los cines son indignas. Da la sensación de que te dicen: "Has pagado, has visto, pues ¡hala! ¡a cascarla de aquí!". Además si tras dos horas sentado quieres visitar el retrete para aliviar tu vejiga, tienes que hacer partícipe al acomodador para que te deje salir de la sala por la puerta por la que has entrado. Luego te vigila para ver que no sales a la calle por la puerta principal sino por la de servicio, lo cual es realmente incómodo.

Cierto es que hay en Zaragoza salas que ennoblecen el ir a ver cine. Las incomodísimas salas del cine Buñuel -totalmente inadecuadas para cualquiera que mida más de 1,70 metros-, son las únicas que echan películas de Woody Allen o películas que no se estrenarían en salas más comerciales. Tampoco puedo olvidarme de los Renoir que, aunque no llevan tanto tiempo, son un seguro cuando no sabes qué película ver. Seguro que ahí encuentras una que al menos se deje ver.

Recuerdo con añoranza los carteles del Coliseo Equitativa. Esas joyas hechas a mano para cada película.

Los tiempos cambian, y en algunas cosas a mejor. Pero mientras abren nuevas salas en Puerta Cinegia o en cualquier otro lugar, sólo me queda decir: ¡Larga vida al cine Eliseos!
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3 comentarios

Antonio Pérez Morte -

Yo también recuerdo con nostalgia esos maravillosos carteles pintados a mano, de los antiguos cines de nuestra inmortal ciudad. Los del Teatro Argensola o el Coliseo Equitativa, por ejemplo. Recorría a menudo ese pasaje, para llegar desde Independencia hasta el domicilio de mis tíos, Luis y Conchita, en el número 3 de la calle Zurita. Una casa donde por entonces, tenía su despacho Emilio Gastón, y por cuyas escaleras, más de una vez, vi saltar con alegría a su hija Diana, que nos dejó, en plena infancia, con un legado poético hermosísimo: "Notas para la puerta de un dormitorio" y "Mandadme un beso de sueño a sueño"
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Cide -

Oí una vez una historia, que no sé si es cierta o no, y que decía que los carteles que había en el pasaje del Coliseo eran de dos autores distintos. Por lo que escuché, el dueño no supo a cual de ellos contratar y les propuso pintar todos esos carteles para decidirse por uno. Finalmente fueron contratados los dos.

No sé qué habrá de cierto en esta historia, se cuentan tantas cosas...

Jts -

Me viene a la memoria "Cinema Paraiso". Conozco personalmente al hijo de la persona que pintaba esos carteles del Goya, y -me lo contó él mismo- como le ayudaba a hacerlo. Saludos, J.
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