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Cide Hamete

Hoy unos párrafos de Nuestra Señora de París

(...) 

Y lanzó el martillo con gran cólera. Después se arrellanó de tal forma en el sillón y se apoyó de tal manera en la mesa que Jehan no conseguía verle tras el respaldo y durante algunos minutos sólo veía su puño convulsivo y crispado sobre el libro. De pronto, dom Claude se levantó, cogió un compás y en silencio grabó en letras mayúsculas esta palabra griega 'ANAGKH
-Mi hermano está loco -se dijo Jehan a sí mismo-. Habría sido mucho más sencillo escribir Fatum. No todo el mundo ha de conocer el griego.

El archidiácono volvió a sentarse en su sillón y apoyó su cabeza en ambas manos, como hace un enfermo que siente la cabeza pesada y con fiebre.

El estudiante seguía observando a su hermano con creciente sorpresa. No podía entenderlo él, que vivía con el corazón al descubierto, él, que sólo se guiaba por la ley natural, que daba vía libre a sus pasiones, sin oponerles el menor obstáculo, él, que no concedía importancia alguna a sus emociones a las que cada día abría un nuevo surco para que fluyeran sin más, y que no conocía tampoco la furia con que fermenta y hierve el mar de las pasiones humanas cuando se le cierran las salidas y cómo arremete y crece y se desborda, ni cómo socava el corazón y estalla en sollozos internos y en sordas convulsiones hasta que destroza sus diques y cava su lecho.

La envoltura austera y glacial de Claude Frollo, aquella superficie fría de virtud escarpada a inaccesible, había conseguido engañar continuamente a Jehan y el alegre y despreocupado estudiante nunca había supuesto que pudiera existir lava incandescente, furiosa y profunda bajo la frente de nieve del Etna.

Desconocemos si súbitamente se dio cuenta de todas esas cosas pero, aunque era un tanto voluble, comprendió que había visto lo que no debería haber visto, y que acababa de sorprender el alma de su hermano mayor en uno de sus momentos más íntimos y que Claude no debía saberlo. Así, pues, viendo que el archidiácono se había sumido nuevamente en su primera inmovilidad, retiró muy despacito su cabeza y simuló ruido de pasos detrás de la puerta como alguien que llega y que quiere advertir de su llegada.

(...)

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1 comentario

Javier -

Yo te hacía abandonado del mundo de la escritura en tu blog y resulta que has renacido de tus cenizas. Feliz reencuentro con tus artículos. Un abrazo
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