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Cide Hamete

¿Por qué no leo libros de autores contemporáneos?

Llevo unos cuantos días pensando en este artículo. Concretamente desde que, el día de la presentación del libro de Antón Castro, José Luis Melero empezó una conversación preguntando "¿Qué es eso de que no lees contemporáneos?". Reconozco que, según como se interprete puede parecer que desprecio a mis coetaneos, o que pienso que no tienen nada que enseñarme. Nada más lejos de la realidad.

Si leo clásicos se debe principalmente a mis complejos como lector. No tengo un criterio razonable para decir qué me gusta en literatura, así que para elegir lo que leo, voy a lo seguro. He leído contemporáneos, y a veces me han gustado, pero otras muchas veces no. En ocasiones, haciendo caso a críticos o amigos que te recomiendan un libro "imprescindible", he leído tostones insufribles. Incluso creo que hay algunos de reciente publicación que se han sobrevalorado por extrañas razones y son considerados obras de arte, cuando en realidad no merecen el tiempo que cuesta leerlos.

Me ocurre incluso con autores o libros que es casi delito decir que te parecen ramplones. Por ejemplo, me pareció insufrible "El lapiz del carpintero" de Rivas. Cuando lo digo delante de ciertas personas me acomplejo por no haber sabido encontrar lo que de artístico debe tener según el parecer de tantos críticos.

Sospecho que muchos de esos libros son tan promocionados que gran parte de su fama no se debe a su calidad real, sino al hecho de que a menudo permitimos a los medios de comunicación decidir qué es lo que nos gusta. ¡Es tan fácil ir por el redil!. Sólo hay que observar con un poco de frialdad que en según que círculos no se puede cuestionar la calidad como cantante de Bisbal. ¿Quién me garantiza que con la literatura no ocurre lo mismo y que lo que quieren hacernos creer que es bueno, no es más que un producto de marketing?. Seguro que no es así siempre pero no puedo evitar, al plantearme la lectura de alguno de estos libros, el prejuicio de que puede ser un libro ramplón que ha alcanzado cierta fama gracias a un premio, a ser publicado por una editorial afin a algún medio de comunicación importante, etc.

Otra razón para evitar las novedades editoriales es el precio. Compro demasiados libros como para poderme permitir el precio que a menudo tienen. Un libro que está bien escrito, es igual de bueno diez ó veinte años después de su primera edición. Que nos corra prisa leerlo se puede deber a un capricho infantil de "tener lo último de...". Todos tenemos esos caprichos, pero no tienen nada que ver con la literatura. Yo no soy coleccionista de libros -afición muy respetable-, los compro con el único fin de leerlos. Así pues, tiro de ediciones de bolsillo, libros de colecciones de kiosko,... Por 10 € te puedes comprar casi cualquier edición de bolsillo de la colección Letras Hispánicas de Cátedra. Si cojo el último éxito de ventas en la lista del Corte Inglés, puede ser que disfrute o no con su lectura. Pero si leo cualquier novela de Galdós tengo casi la certeza de estar leyendo una joya literaria. Lo mismo ocurre con cualquier autor del que se sigan publicando ediciones cuando ya ha pasado de moda, cuando no puede tener ningún amigo editor o crítico ni sus libros generar derechos de autor. ¿Qué interés puede tener una nueva edición de Gracián o Quevedo? Desde luego algo tendrán estos autores cuando 400 años después se siguen pudiendo comprar en las librerías.

Desde luego que he disfrutado con algún contemporáneo. Me gusta leer a Juan Manuel de Prada, García Márquez, Fernando Lalana, Delibes, Bryce Echenique (a ratos),... Incluso tengo en mi lista de pendientes "El Sembrador de Prodigios" de Antón Castro que, para mí es casi un deber leer a no mucho tardar. Y leo estos libros esperando encontrar algo bueno entre sus páginas. Eso sí, no creo que se me ocurra leer "El Código Da Vinci", o el último premio Planeta.

Cambiando un poco el hilo de este artículo me pregunto ¿Por qué llega a clásico un libro o un autor? Lo fácil es pensar que cuando un libro o un escritor es bueno el paso de los años lo convierte en clásico. Pero entonces ¿por qué Delibes o García Márquez son clásicos en vida igual que lo fue Cela? Creo que un libro es clásico cuando tiene la habilidad de ser cambiante. Trataré de explicarme. Me he leído el Quijote 3 veces, y cada vez ha sido diferente. Distintos han sido los sentimientos que he tenido hacia Sancho, que al principio me parecía un botarate, un cateto egoista, pero que la última vez que leí el libro me pareció un ser maravillosamente cerebral y lleno de dignidad. Supongo que es un libro que mientras te entretiene contando la historia de un loco te está hablando de ti mismo y del momento que estás viviendo. Del mismo modo, sospecho que cada clásico es diferente según quién es el lector.

El último libro que me ha maravillado ha sido "Los hermanos Karamazov" de Dostoievsky, del que prometí hace algunos días ya un artículo más extenso, y del que sin duda hablaré algún día. Es también un ejemplo de lo que digo: tú lo vas leyendo y vas deduciendo la lucha entre el bien y el mal sin épica colectiva, sin batallas, tan sólo con nuestra mente y nuestros sentimientos como campo de batalla. El libro te habla acerca de ti. Tú estás en esas páginas.

Por último, si la literatura tiene 5.000 años de historia ¿Por qué ceñirnos a los últimos 20? ¿Podemos tener la certeza de que estos últimos 20 años son los mejores de la literatura? ¿No es eso limitar el disfrute de tan bello arte?

José Luis Melero me argumentaba el hecho de que ningún autor del siglo de Oro me va a explicar la Guerra Civil española, de que sólo los contemporáneos me pueden explicar el tiempo que me ha tocado vivir. Y es cierto, no puedo quitarle la razón. Quizá por eso mantengo todavía a Juan Marsé o Delibes entre mis estanterías y disfruto con las últimas tardes de Teresa o los paseos por el Camino. Pero la naturaleza humana es la misma en el siglo XXI que en el siglo XVI, y eso es lo que realmente me hace disfrutar de Pedro Antonio de Alarcón, Cervantes, Unamuno, o García Márquez, no la ambientación histórica de sus novelas.
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2 comentarios

Anónimo -

Querido Cide: tan bueno y bien razonado como tu artículo sobre el gol de Nayim. Estás que te sales. Un abrazo.
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Nevers -

Que Ferlosio e Ignacio Aldecoa acompañen a Delibes en tus estantes. Sus novelas y cuentos también están en bolsillo y deslumbra su sobria y rotunda prosa.
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